William Shakespeare y la ópera: Rendidos ante la maestría del Bardo de Avon

by - mayo 13, 2024


Del mismo modo que Homero ya eligió los seis o siete temas principales de la literatura universal (no ha cambiado nada desde entonces), Shakespeare fue el autor que supo sumergirse en las consciencias colectivas y más profundas del ser humano, para dejar dicho quiénes éramos y cómo nos movíamos durante nuestra existencia. Por supuesto, los grandes compositores siempre quedaron prendados de sus obras.

Como puede comprobarse, la influencia del Bardo de Avon ha sido muy importante en el mundo de la ópera. Muchos de los grandes compositores cayeron en las redes de los textos del mejor autor teatral de todo la historia. Y todos, sin excepción han estado influidos por la obra de Shakespeare directa o indirectamente.


‘La reina de las hadas’ (semiópera; cinco escenas musicales de una obra de cinco actos)

‘The Fairy Queen’. Se trata de una adaptación anónima de la obra ‘Sueño de una noche de verano’ de William Shakespeare. Se estrenó en el Queen’s Theatre, Dorset Garden, el 2 de mayo de 1692. Un año después, Henry Purcell revisó la adaptación y agregó algunas cosas antes de estrenarse.

Hubo que esperar hasta 1903 para que la partitura fuera encontrada. Doscientos años estuvo perdida.

Esta es la obra más ambiciosa del compositor y fue la más cara de la época.

La música ya suena en el texto de Shakespeare. Son muchos los compositores que han encontrado una fuente de inspiración en ‘Sueño de una noche de verano’. Algunos ejemplos son la música incidental de Mendelssohn o las escenas nocturnas en’ Los maestros cantores de Wagner’ en las que podemos percibir claramente algunos posos de esta obra.

Purcell compuso cinco masques con danzas y cantos, cinco divertimentos sin que se siguiera la trama del texto original al eliminar muchos cuadros y papeles como el de Hipólita y Filostrato; o los artesanos Píramo y Tisbe.

Las canciones tienen un claro contenido erótico y Purcell utilizó efectos poco habituales en el teatro. Una canción que sirve como fuga o cánones cantados una octava o una octava más séptima más altos.

'Romeo y Julieta' en el Teatro Real. / Fotografía: Javier del Real

‘Romeo y Julieta’ (Ópera en cinco actos)

‘Roméo et Juliette’. Con libreto de Jules Barbier y Michel Carré se estrena en el Teatro Lírico de París el 27 de abril de 1867.

Es la ópera de Gounod que llegó a ser más popular en París. Tal vez, no alcanza el grado de lirismo de ‘Mireille’ y carece del color de ‘Fausto’, pero, desde los primeros compases, el compositor logra crear un clima de gran tensión emocional utilizando dúos que van del alocamiento amoroso de los personajes al paradigma del amor verdadero y eterno. En este sentido, la partitura de Gounod se aproxima mucho al texto de William Shakespeare.

La historia que se cuenta es del todo conocida. Se desarrolla en Verona cuando está arrancando el siglo XV. Los Montesco y los Capuleto son familias enemigas. Romeo y Julieta, miembros de estas, se conocen, se enamoran, se casan (el hermano Lorenzo celebra la ceremonia) y, tras sucederse una serie de circunstancias desastrosas, los amantes se suicidan antes de ceder ante una realidad hostil que les impide seguir siendo pareja. Una tragedia archiconocida.

Existen varias similitudes con ‘Fausto’ (arieta del vals de Julieta; cavatina de Romeo; los recuerdos que en la última escena invaden las consciencias de los protagonistas). Algunos momentos alcanzan una belleza apabullante como, por ejemplo, el comienzo del cuarto acto cuando los amantes se funden en un beso. La orquesta, en ese momento, expresa la alegría más auténtica.

El texto de Shakespeare es casi exacto al que utiliza Gounod en algunos momentos. En el tema del amor lo reproduce en un noventa y cinco por ciento.

Conviene señalar que Gounod busca la coronación del propio amor como gran valor del ser humano dejando al margen la glorificación de Romeo y Julieta.

‘Hamlet’ (Ópera en cinco actos)

Con libreto de Michel Carré y Jules Barbier, según la obra homónima de William Shakespeare, se estrena en la Ópera de París el 9 de marzo de 1868.

Ambroise Thomas escribió cerca de quince óperas cómicas que pasaron por los escenarios sin pena ni gloria. Fue, primero, con ‘Mignon’ (1866) y, más tarde, con ‘Hamlet’ (1868) cuando consigue sus mejores partituras.

La dramaturgia de Thomas es muy endeble aunque, a cambio, la danza es su gran fortaleza.

La figura de barítono en ‘Hamlet’ (el primero de todos fue Jean-Baptiste Fauré) está sobre las tablas hasta el cuarto acto. Apenas desaparece unos instantes. Por ello, se considera uno de los más importantes y exigentes de la historia. El personaje es muy parecido al que se perfila en la obra de Shakespeare. Musicalmente, el monólogo ser o no ser es brillante y algo distinto a lo que, generalmente, hacía el compositor.

El personaje de Ofelia (soprano) es protagonista de ese cuarto acto y, por supuesto, del ballet. Su discurso en forma de recitativo da paso a un vals de coloratura al que sigue ¡una balada sueca! ‘Hamlet’ es una obra que se desarrolla en Dinamarca. El motivo de la inclusión de esta pieza tiene que ver con el homenaje a una de las primeras Ofelias, Christine Nilsson; sueca, por supuesto.

Una vez muerto el compositor, la ópera dejó de representarse y hubo que esperar más de cien años para volver a ver a ‘Hamlet’ sobre las tablas.

'La prohibición de amar' en el Teatro Real. / Fotografía: Javier del Real
La prohibición de amar (Ópera cómica en dos actos)

‘Das Liebesverbot’. Libreto de Richard Wagner basado en la comedia de William Shakespeare ‘Measure for measure’ (‘Medida por medida’). Estrenada el 29 de marzo de 1836 en el Teatro Municipal de Magdeburgo. Este estreno fue una auténtica pesadilla para el compositor y no volvió a ver una representación de su obra mientras vivió. Es posible que Wagner, con esta partitura, intentase hacerse un hueco más estable y brillante en el mundo de la ópera aunque el plan no resultó.

Se ensayó para su estreno tan solo diez días. El tenor no fue capaz de recordar su papel y aquello se convirtió en un puzle imposible de ordenar.

Compuso la obra como homenaje a la que, más tarde, sería su esposa; se podría decir que ‘Das Liebesverbot’ era un regalo de enamorado; pero, también, estuvo influida por el movimiento antirromántico que nacía en Alemania alrededor de 1830. Este era un movimiento llamado Junges Deutscland (Joven Alemania) que se enfrentaba a la moralidad férrea e injusta de la época y al poder de la iglesia con el fin de abrazar las ideas más progresistas.

En ‘La prohibición de amar’, Wagner contrapone el estilo de vida del sur de Europa a la forma de vida pétrea y falsa del norte, en concreto, de Alemania. Aunque, lo cierto es que no puede evitar ceder ante lo que entiende que es el orden en el amor. La libertad amatoria no es tanta como Wagner quiere esbozar. Sí logra una crítica social, algo templada, que se refiere a la obediencia ciega frente al poder establecido, a la tiranía, la censura o la doble moral instalada y que utilizada dobles varas de medir.

En esta ópera se acerca a la commedia dell’arte alejándose formalmente del modelo francés. Los estereotipos que utilizan forman parte de la comedia bufa más arcaica. Encontramos otra referencia en el cuarto acto a ‘Las bodas de Fígaro’ de Mozart y, naturalmente, una continuidad dramática de ‘Las Hadas’ (el motivo del amor prohibido se carga, ahora, sobre el personaje de Friedrich). En la escena del convento, desde que escuchamos las campanadas hasta el ‘Salve Regina’, se entona el mismo que podemos disfrutar en ‘Tannhäuser’ cuando se ensalza el perdón de los dioses.

Para muchos, ‘La prohibición de amar’ supone un pecado cometido por Wagner. No es así. Entre otras cosas porque Wagner a la italiana tiene su gracia.

‘El sueño de una noche de verano’ (ópera en tres actos)

A ‘Midsummer Night’s Dream’. Libreto basado en la ópera de William Shakespeare. Se estrena el 11 de junio de 1960 en Aldeburgh, Suffolk (Jubilee Hall).

Como se ha dicho, la obra de Shakespeare ya suena en su texto original. Allí encontramos efectos musicales, existen referencias a canciones y formas de música popular.

Aunque hubo quien vio una heroicidad de Britten al escribir una ópera sobre el texto de Shakespeare, no se trataba de nada nuevo, ya se había hecho antes. Eso sí, el resultado fue extraordinario.

Se redujo el texto original y se respetó al máximo lo que quedó. La ópera omite el primer acto por completo.

El plan tonal es claro y preciso. Los registros clásicos (soprano, tenor, mezzosoprano y barítono) se quedan en el territorio de los jóvenes amantes y se acompañan con instrumentos de viento de madera y de arco. Los registros altos quedan para los personajes trascendentales (sopranos adolescentes y coloratura) acompañados de arpas, clavelín, chelos, percusión y celesta. Por último, los artesanos ocupan la zona tonal grave acompañados de vientos de metal y fagot.

Britten incluyó, así, instrumentos distintos a los que eran habituales buscando soluciones para los registros (Oberón, por ejemplo, es un contralto masculino que aporta un toque barroco tan curioso como necesario) y la recreación de un clima mágico y único (el sueño está construido con cuatro acordes básicos de una serie dodecafónica que crece y evoluciona sin pausa).

La conexión entre la obra de Shakespeare y la ópera es absoluta. Y un placer acercarse a estas obras que representan un noviazgo que puede seguir dando de sí por siempre jamás.

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